El crimen de los alcaldes. El crimen de los alcaldes.. Así se denomina este hecho histórico y de vergüenza ocurrida en la ciudad de Valladolid en Mérida. En la actualidad esta iglesia tiene una característica muy particular y es que a diferencia de las demás esta orientada en un punto cardinal diferente a las demás. La causa de este desorden de orientación se debe al crimen que allí ocurrió, conocido como el crimen de los alcaldes, un hecho que según algunos expertos se refleja hasta la actualidad y es que aun en estos días hay quienes aseguran que los lamentos de dolor y angustia se pueden percibir. Gritos desgarradores de eso pobres infelices que participaron en ese macabro evento. Valladolid es un antiguo pueblo y en algún tiempo fungió como ciudad capital, por lo que fue un centro de afluencia muy importante y estratégico. La llegada fue en el marco de una rica tarde soleada de febrero, Francisco era el nombre de nuestro guía en ese lugar, dese el principio se mostró como un buen cronista, dedicado y apasionado a su trabajo. Tenía en su haber cientos de anécdotas sobre la ciudad, su gente, sus leyendas y tradiciones, incluso el mismo había participado en ese accidente trágico que menciona J.J. Benítez en su libro llamado “Ricky B” y que esta ubicado precisamente en este lugar, Francisco en ese entonces fue uno de los pasajeros y testigos de ese singular evento. Todo empezó un 19 de junio de 1701... Don Fernando Osorno, ex alcalde y ex jefe de armas, y don Pedro Gabriel Covarrubias eran perseguidos por una turba enardecida, su desesperada carrera fue a terminar en este templo donde creyeron que si lograban entrar encontrarían la seguridad de un lugar santo. Una vez dentro, Pedro Gabriel se esconde en el coro y el Don Fernando en el altar sagrario y creen estar a salvo pero hasta ahí lo persigue la turba enardecida que lo descubre a la luz de los hachones y de las candelas que portan. Uno de los del tropel le tira con una lanza y le atraviesa el vientre, el sagrado altar se tiñe de sangre que mana del herido que cae. Asegurado así una de las víctimas, se proseguía a descubrir a Don Fernando que seguía bien resguardado. Cuando se retiraban del Coro, un leve ruido descubre a el otro prófugo, uno de los perseguidores alumbra con su antorcha y descubre a la victima: Don Fernando que no se sintió perdido, ya que el que lo descubrió era un compadre, hombre al que le había hecho muchos favores: cinco días antes le había regalado una casa para su mujer y sus hijos y cincuenta pesos para abrir un negocio de cera. El señor Osorno le suplica que no lo delate y tenga misericordia. Pero en un alto ejemplo de ingratitud humana este gritó: -¡Venid, que aquí está este pícaro! ¡Venid! Con todo el coraje y sin Ningún miramiento es golpeado. El paso de la iglesia hacia la casa del cabildo, a donde se dirige la muchedumbre arrastrando a sus víctimas, es un espectáculo de increíble ferocidad. Cuando llegan al cabildo, Covarrubias ha muerto, el cabildo procede a sus papeleos para sentenciar a muerte de garrote a sus presos, a la llegada del vicario para pedir clemencia pide le entregaran al reo, pero le fue negado por el corazón de piedra de los Presidentes. Los sacerdotes no pudieron hacer más que rezar por sus hermanos. Don Fernando se prepara para morir y pide perdón de sus pecados a Dios y que perdone a sus enemigos. Es muerto a garrotazos y su cuerpo y el de su compadre Covarrubias son colgados de las rejas de la cárcel. Ruiz de Ayuso, Urquiza Tovar, el escribano Pérez Castro y otros muchos fueron conducidos presos a Mérida. El 11 de mayo de 1704, fueron ahorcados y sus cuerpos colgados en la misma conformidad que ellos hicieron con los otros. Bajo estos hechos la iglesia mancillada es condenada a no volver a “ver” el sol en el ocaso, de esta forma el Templo permanece “castigado” hasta que los espíritus de los alcaldes dejen de rondar y pedir justicia desde el más allá a sus verdugos. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Iglesia de Valladolid orientada hacia el norte debido a los crímenes que allí se cometieron
César Buenrostro frente a la iglesia de San Servacio
Detalle del templo en donde se puede ver el “cordón de San Francisco” que si vemos con detenimiento observaremos a como es notorio el cuerpo alargado de una serpiente y sus majestuosas plumas que delatan sin duda a Kukulkan.
El cronista Francisco en al entrada de el templo en donde se cometieron los asesinatos.
Francisco señala una de las piedras que aun conservan detalles de su anterior templo de adoración.
César y Francisco durante la investigación.
Representaciones de santos milagrosos fueron mudos testigos de los asesinatos.
Interior del templo. Y aqui dejamos otras fotos.
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